—¿Enterarme de qué? —pregunté en voz baja.
Entonces vi el vendaje blanco que asomaba por debajo de la manga de su camiseta. No llevábamos vendas con frecuencia. En forma de lobos, los cambiaformas podían curarse increíblemente rápido, a menos que la herida hubiera sido provocada por algo de plata o por el mordisco de otro licántropo. Entonces no se curaba nunca y dejaba una cicatriz. Nuestra habilidad para sanarnos era una de las cosas que nos hacía tan atractivos para Bio-Chrome. Incluso en el fragor de la batalla, solo las peores heridas podían ralentizarnos, porque nos curábamos continuamente, y eso nos proporcionaba una especie de constante armadura.
—Estás herido —susurré y, a pesar de mis mejores intenciones, alargué una mano y pasé los dedos cerca del vendaje.
Sentí que sus firmes músculos se agitaban y se tensaban al rozarlos. Nunca lo habría acariciado a propósito. Su piel era suave y cálida. Quería descubrir cómo sería acariciarle la cara, el cuello, el pecho… Quería descubrir qué sentiría al acariciárselo todo.
—Rafe —pronunció esa única palabra como si lo explicara todo.
Rafe era un guardián oculto y pertenecía a nuestro grupo, integrado en el equipo de serpas.Tenía el cabello y la piel tan oscuros como los míos. Habíamos crecido juntos y había luchado contra nuestros enemigos a nuestro lado. Era tan leal a mi especie como cualquiera de los míos.
—¿Rafe te ha mordido?
Connor soltó un gruñido y yo pude sentir que el enfado surgía de él en oleadas.
—Yo le devolví el mordisco. ¡Ojalá hubiera tenido la rabia! Se lo tendría merecido.
—No lo entiendo, Connor. ¿Dónde está Lindsey? ¿Qué ha pasado?
—Rafe me retó por ella.
—¿Qué? ¿Quieres decir lobo contra lobo?
Un reto nunca se hacía a la ligera. La tradición decía que, cuando un lobo retaba a otro, era una lucha a muerte.
—Sí.
—¡Oh, Dios mío! Pero tú eres su pareja. La declaraste como tal y ella te aceptó. —La chica siempre se reservaba el derecho a no elegir al chico que la había declarado su pareja. Pero yo nunca había conocido ningún caso—. Habéis estado juntos desde que…
—Bueno, sí. Aparentemente, elegí mal.
Siguió mirando al frente, como si estuviera avergonzado, o tal vez no quería que yo viera en sus ojos el rechazo y la pérdida. Sabía que estaba sufriendo. Cada músculo de su cuerpo lo decía. Él siempre había amado a Lindsey. ¿Se sentiría mejor si yo le dijera que lo amaba? Seguramente, no. Yo no podía reemplazar lo que él había perdido.
—Lo siento.
Y era cierto. Eso era exactamente lo que yo siempre había deseado, pero ahora que había ocurrido me sentía culpable, como si el hecho de haberlo querido hubiera conseguido que se hiciera realidad y que él estuviera sufriendo.
—No es culpa tuya. Las cosas son así, pero es difícil aceptarlas, ¿entiendes?
—Sí.
Giró la cabeza y me miró directamente. Aun con la luz de la luna no podía ver sus ojos azules, que eran un poco más oscuros que los míos, pero lo que vi me sorprendió. No estaba triste. Más bien parecía enfadado consigo mismo. Entonces esa mirada desapareció, como si no quisiera revelar demasiadas cosas. Y la mirada que ocupó su lugar me sorprendió todavía más. Encontré admiración en sus ojos.
—Veo que has sobrevivido a tu luna llena. No puedo creer que lo hayas hecho tú sola. Has tenido muchas agallas. Nadie ha dudado nunca de tu valor, pero lo que has hecho es increíble.
Me remordió la conciencia porque estaba alabándome cuando no lo merecía. Quería contarle la verdad. La carga de lo que yo era (o no era) me pesaba tanto que tenía miedo de que se quedara horrorizado al descubrirlo. ¿Cómo no iba a estarlo?
Nunca jamás habíamos permitido que un no cambiaformas entrara en nuestro círculo más íntimo. Me sentía muy confusa por lo que yo era en realidad: una cambiaformas de la que, de alguna manera, la luna había pasado, pero por quien regresaría más tarde o alguien que nunca sería más de lo que ya era en ese momento.
Si se trataba de lo último, ¿qué sentido tenía existir? ¿Cómo podía proteger a los cambiaformas si no era uno de ellos? Pero tampoco podía darles la espalda.
Aparté la mirada de Connor y la fijé en el agua. La luz de la luna se reflejaba en ella y hacía que estuviera mucho más bonita que durante el día.
—No fue para tanto. —Sobre todo porque no había ocurrido nada.
—Oye, como todos los chicos, yo pasé solo por ello. Y es brutal.
—No quiero hablar de ello. Ha sido una experiencia muy íntima.
—Por supuesto.
No sé por qué me sentí decepcionada por su respuesta. Supongo que porque quería que Connor mostrara el suficiente interés como para arrancarme la verdad.
—¿Sabías que a Lindsey le gustaba Rafe? —me preguntó.
—Habló de él un par de veces. —Y siempre me molestó que lo hiciera. Si Connor hubiera sido mío, nunca habría mirado a ningún otro chico. Mi voz sonó un tanto dura cuando añadí—: Siempre pensé que no te valoraba. Estás mucho mejor sin ella.
Él dejó escapar una risa áspera.
—Típico de ti. Nunca tienes miedo de decir lo que piensas. Siempre he admirado eso de ti.
Si me hubiera muerto en ese momento, habría muerto feliz. ¿Connor había admitido que admiraba algo de mí? ¿De mí? Tuve ganas de sonreír y de reír a pesar de que antes había creído que no volvería a tener ganas de hacerlo nunca. Quería decirle que había muchas cosas de él que yo admiraba y que me gustaban, pero pensé que no era el momento adecuado.
Como no dije nada, se instaló un silencio entre nosotros y comenzó otro tipo de comunicación. Nos estábamos mirando a los ojos y me pregunté si él me estaba viendo, pero viendo de verdad, por primera vez. Parecía perdido en sus pensamientos, y yo deseé poderle leer la mente. Intenté que mis ojos no reflejaran la profundidad de los sentimientos que tenía por él. Todavía me sentía demasiado vulnerable por la traición de la luna como para arriesgar mi corazón con Connor. Pero no me daba miedo encontrarme con su mirada y mantenerla. Entonces detuvo sus ojos en mis labios, y sentí un cosquilleo en ellos. ¿Estaba pensando en besarme?
Por mucho que yo deseara que lo hiciera, no quería que me besara hasta que se hubiera recuperado de lo de Lindsey. De ninguna manera iba a ser un segundo plato. Pero me sentía incapaz de dejar de lamerme los labios, de esperar que me besara, de imaginar lo cálido y maravilloso que sería.
Como si saliera de un trance, Connor sacudió ligeramente la cabeza, la echó hacia atrás y miró el cielo estrellado.
—Tengo que correr —dijo con voz áspera y sexi. Se aclaró la garganta y añadió—: ¿Quieres correr conmigo?
Oh, por supuesto que quería, desesperadamente. Pero sabía que no estaba hablando de hacer jogging por el bosque. Se refería a transformarse y correr tan rápido que los árboles se volvieran borrosos.
—Enfrentarme sola a la luna llena me ha dejado exhausta —dije. Por lo menos, eso era cierto—. Voy a pasar.
—Entonces, en otra ocasión. —Volvió a mirarme—. Recuerdo cuando me enfrenté a mi primera transformación. Estaba deseando hacerlo, pero también recuerdo el dolor. Los mayores debieron buscar a otra persona que te acompañara si no te gustaba Daniel.
—Sacaron su nombre al azar de un sombrero. —No me molesté en ocultar mi indignación.
—No fue así. Usaron un bol.
Le di un puñetazo en el hombro.
—¡Ay! —Se frotó el hombro, pero estaba sonriendo.
—Fue insultante… para mí y para Daniel. —No era un mal chico, pero tampoco era el adecuado. Habíamos pasado algunos días juntos, pero los dos sabíamos que no había nada que hacer—. No quería una pareja por lástima.
—Te lo estás tomando con una actitud equivocada. No tenías que casarte con él. Se suponía que iba a ayudarte en la transformación. Nada más.
Excepto por la parte en que había que desnudarse completamente. No podíamos transformarnos vestidos. Así que había un factor definitivamente íntimo.
—Ahora ya no importa. La tensión ya se ha terminado. Puedo elegir una pareja en cualquier momento.
—Nunca será como la primera vez que te transformaste.
Yo me encogí de hombros.
—Por lo que a mí respecta, la primera vez está sobrevalo¬rada.
Su sonrisa brilló en la noche.
—Bueno, pues no se lo digas a nadie. No quiero arruinarles el misterio a los que todavía no han pasado por ello. —Algo que no pude identificar cambió en sus ojos—. Me alegro de que sobrevivieras.
—Sí, y yo. —Más o menos.Y entonces recordé lo que había visto cerca del río—. Oye, escucha, ¿ha dicho alguien que encontrara trampas en el bosque?
—No, ¿por qué?
—Encontré un cepo a un día y medio de caminata desde aquí, cerca del río.
Se quedó inmóvil, como un depredador cuando huele a su presa. Sabía que había pasado al modo guerrero, que estaba pensando en la estrategia.
—¿Crees que ha sido Bio-Chrome? —preguntó finalmente.
—No lo sé. Puede ser. Estaba diseñado para capturar a un animal del tamaño de un lobo.
Dejó escapar una maldición y entonces me miró con dureza.
—¿Has venido andando desde allí? ¿No se te ocurrió hacerlo en forma de lobo para llegar más rápido?
—Llevaba la mochila. —Sabía que era una excusa muy pobre, y Connor lo confirmó con su respuesta.
—Podrías haberla dejado en algún sitio y regresar después por ella.
Me enfadaba que me estuviera cuestionando… y que tuviera razón. Y que no hubiera podido elegir cómo moverme. Por el momento, solo contaba con dos piernas, así que busqué otra mentira.
—Llevaba algunas cosas con valor sentimental para que me ayudaran a enfrentarme a la transformación. No quería arriesgarme a perderlas. Además, no estamos en peligro inminente, y yo necesitaba pasar algún tiempo sola.
Al ver que apretaba la mandíbula supe que nadie me aceptaría si no podía cambiar. También supe que no me iba a resultar nada fácil mentir sobre ello. Debería haberle puesto una excusa mejor… o que no me hiciera parecer una irresponsable.
—Lo comprobaré —dijo—. En forma de lobo, debería estar de vuelta por la mañana. ¿Estás segura de no querer venir?
Cómo lo deseaba…
—Estoy segura. Borré mis huellas, pero encontrarás mi olor y podrás seguirlo.
Me di cuenta de que no le gustó mi decisión, de que pensaba que estaba declinando mis obligaciones. Al no decirle la verdad, lo estaba haciendo. Pero fuera lo que fuera lo que me había impedido transformarme con la luna llena, era algo con lo que tenía que tratar yo sola.
—Entonces, hasta luego —dijo a regañadientes.
Se dio la vuelta y regresó al bosque, pero no lo seguí. Sabía que se iba a quitar la ropa para transformarse en un lobo. Para ser una especie que pasaba mucho tiempo sin ropa, éramos un grupo pequeño.
Al mirar de nuevo al agua sentí arrepentimiento. Sabía que tenía que haber confesado mi limitación, pero también reconocía que, si lo hacía, me podían expulsar. Pero aunque no pudiera transformarme, podría hacer valiosas aportaciones, como encontrar un modo de proteger a los cambiaformas… sobre todo si lo que sospechaba era verdad: que la trampa la había puesto Bio-Chrome. Todavía nos estaban buscando.
Ya no tenía nada más que hacer excepto volver a la mansión. No podía irme con Connor. Ahora él era libre de amar a otra persona, pero yo estaba fuera de la lista porque no me podía transformar.
Al oír un crujido entre la maleza, miré hacia el lugar de donde provenía. El lobo más hermoso que había visto nunca estaba junto a la orilla. Con aspecto lobuno, Connor siempre me dejaba sin respiración.
Su pelaje, como su cabello, era rubio rojizo, casi castaño claro. Tenía varias tonalidades, más oscuro en el lomo y más claro al llegar a las patas. Quería hundir las manos en su pelo, apretarlo contra mí y confesarlo todo. Deseaba que volviera a su forma humana, que me abrazara y que me asegurara que todo iba a salir bien.
Pero sabía que nunca ocurriría nada de eso. Si él descubría la verdad, que todavía no me había transformado, se quedaría horrorizado.
Echándome una última mirada, atravesó el arroyo y se alejó, bañado por la luz de la luna. Yo me quedé mirándolo con anhelo hasta que ya no pude verlo. Los cambiaformas se curaban cuando estaban en la forma de lobo, pero no estaba segura de que la transformación curara un corazón roto… ya fuera el suyo o el mío.