sábado, 20 de octubre de 2012

Prólogo Sombra de Luna




~PRÓLOGO~



El frío me atravesó y me hizo despertar sobresaltada. 

Estaba bañada en sudor y temblaba. Me costaba mucho esfuerzo respirar. Sentía que el pecho se me contraía con fuerza, dolorosamente. Escuchaba mi torrente sanguíneo correr en el interior de mi cabeza, un clamor que casi ahogaba el aullido del viento.

Estaba sucediendo otra vez. Era peor que cualquier cosa que hubiera experimentado en mi vida.

Había nacido con la capacidad de sentir empatía. 

Cuando estaba cerca de otros cambiaformas, me veía bombardeada por todas las emociones que ellos sentían. Si alguno estaba asustado, yo sentía su miedo. Si otro estaba enamorado, experimentaba sus anhelos y sus deseos. A veces me sentía incendiada por la ira, a pesar de no estar furiosa. La vergüenza hacía que me ruborizara, aunque yo no era quien experimentaba la humillación. Estar asaltada por tantas emociones de los cambiaformas era como vivir dentro de un caleidoscopio que no paraba de girar, solo que los diferentes colores eran sentimientos. Era difícil saber cuáles eran mis verdaderas emociones.

Pero era inmune a los humanos o, como los llamábamos, a los estáticos.


Los mayores, los hombres más sabios de nuestra especie, se habían convertido en mis guardianes cuando murieron mis padres. Cuando se dieron cuenta de la constante lucha que tenía con mi «don» y de lo mal que lo pasaba al estar cerca de otros cambiaformas, me enviaron a un internado donde todas las estudiantes eran estáticas. Allí estaba a salvo y llevaba una vida más o menos normal. Mientras viví allí, las únicas emociones que experimentaba eran las mías.

Sin embargo, los mayores habían insistido en que todos los inviernos y veranos regresara a Wolford, nuestro refugio secreto bien oculto en un parque nacional. Pensaron que pasar cortos períodos de tiempo expuesta a los sentimientos de otros cambiaformas me ayudaría a acostumbrarme a mi capacidad empática, me daría una oportunidad para aprender a protegerme cuando no quisiera saber lo que otros estaban sintiendo y a aceptar las sensaciones sin dejar que me abrumaran cuando eso supusiera una ventaja para mí. No podía acoger de buena gana las emociones de los demás, era algo que estaba fuera de mi alcance. Era una invasión a la privacidad, la suya y la mía. Nunca me había sentido cómoda con ello.

Había llegado a Wolford hacía dos semanas. La semana pasada habían llegado las familias para el solsticio de invierno. Eran unas fechas para reunirse y celebrar nuestra existencia. Había muchas emociones intensas revoloteando alrededor. Y, aunque la mayoría de las personas estaban felices y llenas de alegría, yo seguía sin sentirme a gusto.

Cuando las familias se hubieron marchado, muchos guardianes ocultos, los protectores elegidos de nuestra especie y de nuestro refugio secreto, se quedaron. El semestre había llegado a su fin. Mi presencia era como una prueba, un reto, un intento para decidir si ya estaba preparada para vivir entre los de mi propia especie.

Teniendo en cuenta lo que estaba experimentando en ese momento, la respuesta a la invitación no podía ser más que un no rotundo.

Las emociones nunca me habían atacado tan violentamente, con tanta intensidad. Nunca había conocido a nadie que estuviera tan asustado. ¿Qué demonios estaba ocurriendo?

Ese pánico tan desconcertante se negaba a abandonarme, no me permitía mantener la cabeza lo suficientemente despejada como para pensar de manera racional. Inspiré profundamente varias veces e intenté levantar un muro entre las sensaciones que me bombardeaban y las que me pertenecían solo a mí. Invoqué imágenes agradables: mariposas, cachorros y helado. Un paseo por el parque en primavera, una imagen tan vívida que casi podía oler la fragancia de las rosas.

Nada de eso funcionó. Estaba atrapada en el ciclón de los miedos oscuros de otra persona. No podía controlarlos, lo único que podía hacer era sentirlos. Nada ni nadie podía librarme del horror al que estaba expuesta.

La luz de la luna llena se colaba por mi ventana. Salté de la cama y caí de rodillas; tenía las piernas débiles por el terror de otra persona. ¿De qué tenía miedo, él o ella?


¿Qué era tan espantoso? No sabía a quién pertenecían esos sentimientos, solo que estaban allí. Tenía una vaga sensación sobre su origen. La persona estaba fuera.

Me puse en pie rápidamente, me acerqué a la ventana dando tumbos y presioné la frente contra el frío cristal. La luna blanca y brillante proyectaba un resplandor plateado sobre el paisaje cubierto de nieve. Alguien estaba enfrentándose a su primera luna llena. Justin. Recordé haber experimentado su entusiasmo y su ilusión durante la cena. Tenía sentido pensar que él era la persona a la que estaba sintiendo.

Esa noche él se uniría a quienes poseían la capacidad de transformarse en lobos. Se suponía que la primera vez era muy dolorosa y aterradora… y que incluso podía acabar en la muerte. Sin embargo, eso no había ocurrido en cientos de años. En el pasado, un par de veces, yo había sentido las emociones de quienes pasaban por su primer cambio.

Pero lo que Justin estaba sintiendo era diferente. No era natural. Algo iba mal.

Sin prestar atención al frío que hacía fuera y sin coger siquiera un abrigo, salí corriendo al pasillo y bajé rápidamente las escaleras, gritando con toda la fuerza de mis pulmones:


—¡Justin está en peligro! ¡Necesita ayuda! ¡Ya!

Se abrieron varias puertas de golpe y oí ruidos de pisadas. Varios guardianes ocultos me alcanzaron y me sobrepasaron. Solo una media docena estaba allí, en la casa principal. Los demás estaban fuera haciendo la ronda, custodiando nuestro querido refugio. Me golpeó el carrusel de las emociones de todos los que me rodeaban y pasaban a mi lado: preocupación, inquietud, miedo, impaciencia por salir en su búsqueda, buena disposición por participar en la batalla.

La emoción más intensa, la que estaba por encima de todas, era la de Justin. Como me había conectado con él antes de que los sentimientos de los demás aparecieran, todavía podía discernir cuáles eran las emociones que procedían de él. Me concentré en ellas.

Apenas recuerdo haber atravesado el edificio. De repente me encontré en el exterior, sintiendo la nieve helada bajo mis pies descalzos. Los copos de nieve caían a mi alrededor. Había ropa esparcida sobre la hierba y observé con asombro como los guardianes ocultos cambiaban a la forma de lobo sin dejar de correr. Se apresuraron a adentrarse en el bosque mientras el viento les revolvía el pelaje. Todos excepto Brittany Reed, la única humana que había entre nosotros. Sin embargo, estaba en una forma física estupenda y me dejó atrás sin ningún esfuerzo.

Seguí sus huellas, pero tropecé por la intensidad del miedo de Justin y caí de bruces en la nieve. De nuevo el terror me atravesó y me paralizó.

Y después, nada. No sentí nada procedente de Justin.

¡No, no, no!

Notaba el miedo creciente de los otros, su ansiedad. Sabía que aún no habían llegado adonde estaba Justin porque no sentían la enorme pena que yo experimentaba. Ya sabía lo que íbamos a ver cuando lo encontráramos. 

Todos llegábamos demasiado tarde.





Me levanté y empecé a correr otra vez. De repente, las emociones se descontrolaron en mi interior: horror, incredulidad, furia, rabia, determinación. Entonces llegué al claro. La luna estaba en su cénit y lo iluminaba todo perfectamente. No quería pensar en cómo la habría acogido Justin al principio, cómo habría sentido la luz de la luna acariciándole la piel.

Ahora, en forma de lobo, permanecía tendido, inmóvil, sobre la nieve amontonada. Justo detrás de él estaba la bestia más espantosa que yo había visto en toda mi vida. Sabía lo que era y lo que había hecho. Era un segador. Tenía unas garras enormes y los dientes afilados. Se sostenía sobre dos piernas con un aspecto grotescamente humano y destacaba sobre todos los demás. Los guardianes ocultos lo atacaron, pero sus gruñidos se convirtieron en aullidos al caer al suelo. Al morder a la criatura les salieron llagas en la boca por el calor impuro de la bestia, y les sangraban los costados porque el segador los había atrapado con las garras o con los dientes. Era un ser de otro mundo. En aquel momento, parecía invencible.


—¡Basta! —El grito profundo y autoritario resonó entre los árboles y agitó la nieve que había sobre las ramas. Miré alrededor y vi a los tres mayores, todos con túnicas largas, con Elder Wilde ligeramente al frente. Él había dado la orden.

Los lobos, ya con las heridas curadas, se agazaparon dispuestos a abalanzarse de nuevo, enseñando los dientes y emitiendo débiles gruñidos. La criatura los ignoraba como si fueran simples peluches. Entonces me miró directamente a mí y mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—Hayden Holland. —El segador no era humano, aunque tenía la capacidad de hablar. Su voz sonaba como si se propagara a través de un muro de flemas. Olía a huevos podridos—. Nos volveremos a encontrar en la siguiente luna llena.

—¿Qué eres? ¿Un guionista de películas malas de terror? 

—No sé de dónde saqué esa bravuconería. Necesitaba el sarcasmo para demostrar que no me amilanaba, que no me iba a hundir fácilmente y que, como Justin, lucharía hasta exhalar el último suspiro.


Se dejó caer sobre las cuatro patas en mitad de un banco de niebla y empezó a deslizarse hacia los árboles, pegado al suelo como una serpiente que se batiera en retirada. Durante el breve lapso en el que se había concentrado en mí, había podido sentir el miedo y la agonía de miles de almas: cambiaformas a los que había segado y cosechado.

En forma de lobo, todos menos Brittany, los guardianes ocultos rodearon a Justin. Yo sabía que estaba muerto, que su alma había pasado a ser una de las que poseía el segador. Las lágrimas rodaban por mis mejillas y quedaban cristalizadas en mis pestañas. Si hubiera reconocido antes su miedo, ¿podríamos haber hecho algo más? ¿Podríamos haberlo salvado?

Brittany dio un paso atrás y, cuando estuvo a mi lado, susurró:
—Ha muerto como un lobo. Debería haber vuelto a su forma humana.


Asentí. Sí, efectivamente, debería haberlo hecho. Pero no con el daño que la criatura que acabábamos de ver le había infligido.

Cuando iba de visita a Wolford y sentía que lidiar con las emociones de los demás era demasiado para mí, a veces me colaba en la sala de los tesoros, donde los mayores guardaban y vigilaban los artefactos de nuestra especie. 
Ellos me permitían hacerlo. Incluso me habían dejado tocar y leer los textos antiguos y me habían enseñado a descifrar los símbolos. Así que yo sabía un poco más del segador que Brittany.

Este había surgido de las entrañas del infierno durante una luna llena para arrebatarle el poder y el alma a un cambiaformas en plena transformación, dejando su cuerpo sin los medios necesarios para volver a su forma humana. Se alimentaba del miedo y cogía su fuerza de nuestras capacidades. No se había visto uno en siglos. Algunos habían empezado a pensar que el segador solo era mito y leyenda. Por desgracia, se habían equivocado. El bosque estaba tan silencioso que podría haber escuchado el ruido de una hoja de pino al caer.

Elder Thomas se adelantó, se arrodilló junto a Justin y hundió la mano en su pelaje. Los mayores eran lo suficientemente fuertes como para ocultarme sus emociones, así que no podía sentir lo que él sentía. Aunque, de todas formas, sabía lo que era. Una pena abrumadora estaba claramente dibujada en su rostro. A pesar de que tenía casi cien años, tomó a Justin en brazos, se levantó y lo llevó hacia la casa principal. Los demás lo siguieron.

Todos excepto Elder Wilde, que se acercó a mí. Sus ojos eran un pozo de tristeza.
—Nos aseguraremos de que no corras la misma suerte —afirmó en voz baja.


Y, exactamente, ¿cómo lo vais a hacer?, casi pregunté. 
Pero se me había enseñado a no faltarle a los mayores al respeto.

Como si me hubiera leído el pensamiento, me puso una mano en el hombro. Siempre me había sentido reconfortada cuando me tocaba; sin embargo, esa noche no sentí nada.

—Buscaremos en los textos antiguos. Encontraremos la manera de destruirlo. Todo saldrá bien, Hayden —me dijo Elder Wilde mientras me guiaba hacia la casa principal.

No era nada tranquilizador darme cuenta de que él, el más sabio de los sabios, no sabía cómo destruir al segador. Un mes no era mucho tiempo para buscar la respuesta en los libros antiguos.

A pesar de que Wolford era nuestro refugio, nuestro santuario, no habíamos sido capaces de proteger a Justin ni de salvarlo. El segador había ido a por él y, a la siguiente luna llena, iría a por mí.

No solo a por mí, sino también a por mi pareja.

Mientras que los chicos pasaban solos por su primera transformación, la leyenda decía que las chicas debían tener una pareja que las guiara durante el cambio para poder sobrevivir. Era sexista; la tradición había empezado antes de que las mujeres pidieran igualdad. Se suponía que mi última visita a Wolford también sería una oportunidad para asegurarme una pareja antes de mi primera luna llena. Hasta el momento, esa búsqueda había sido un completo fracaso. ¿Qué chico en sus cabales querría andar con una chica que sentía todo lo que él experimentaba exactamente igual que él?

Sin embargo, ya no estaba convencida de que no tener pareja fuera algo malo. Él se transformaría en el mismo instante que yo. Un verdadero chollo para el segador, dos por el precio de uno.

No podía permitir que eso sucediera, no podía poner en peligro la vida de otra persona. Aunque eso significara sacrificar la mía. Sabía que los mayores y los guardianes ocultos no aprobarían mi plan pero, al fin y al cabo, la decisión era mía.

No podía quedarme en Wolford. Tenía que escapar. Esa misma noche. Correría rápido y sin parar. Me escondería hasta la siguiente luna llena.






Derechos exclusivos de la edición en español: © 2012, La Factoría de Ideas

Material promocional.

viernes, 20 de abril de 2012

Reseña de Luna Oculta



Brittany está decidida a demostrar que puede ser parte de los guardianes ocultos, a pesar de que esconde un secreto devastador: aún no ha experimentado ninguna de las señales intensas y tempranas que indican la transformación de un guardián oculto. Lo único intenso que ha sentido hasta ahora son sus sentimientos por Connor, pero también los ha estado escondiendo. Sabe demasiado bien que el dueño de su corazón nunca será suyo si no se convierte en una cambiaformas como él.

Durante la primera luna llena después de su cumpleaños, su mayor temor se hace realidad: no se transforma. Brittany está tan desesperada por convertirse en lobo que llegará a extremos insospechados… y expondrá a todos los guardianes ocultos a un serio peligro.

Precio: $198.00 Mx |Páginas: 256 |Puntuación: 4/5 |Compra: Gandhi / Porrúa / La Ventana / Amazon / Book Depository Goodreads 
*Gracias a Editorial Océano por el ejemplar* 


Brittany no fue nunca de mis personajes preferidos, sobre todo porque siempre se la pasó regañando a Lindsey (Luna Llena) en los primeros libros. Cuando, en realidad, Linds no tenía la culpa de descubrir que su compañero simplemente no era quien todos pensaban. El destino puede ser cruel y embustero... En fin, que Brit era como una piedra en el zapato y realmente, tenía muchos problemas con su historia. ¿Cómo no los tendría, si su protagonista no es santo de mi devoción?

Brit tiene un gran problema. Su transformación se acerca y ella necesita encontrar un chico que la ayude a atravesarla. Sin embargo, el chico al que quiere, tiene que estar con otra. Es así, que terca e indomable como es, se va sola al bosque para convertirse en lo que siempre ha deseado ser: un lobo. Nadie puede creerlo, cuando ella regresa de una pieza después del gran día. Y realmente regresa cambiada, solo que no es el cambio que ella o nosotros, para el caso, nos imaginábamos. Y he ahí el gran dilema. Nuestra protagonista necesitará a alguien en quien pueda confiar, pero ¿lo encontrará antes de que los demás descubran su secreto o podrá encontrar una cura para su problema a tiempo?

¿Ya dije que Britt no me cae bien? Bueno, pues ni después de terminar de leer Luna Oculta me ha caído bien. No negaré que la novela me gustó, sobre todo porque la autora ha demostrado que sus personajes pueden crecer con cada libro. Los libros de los Guardianes Ocultos pueden leerse por separado, sin embargo, yo recomiendo leerlos todos (solo son 4, 3 de ellos ya en español) para tener una idea general de la historia y conocer mejor a Kayla y Lucas (Luz de Luna) y Lindsey y Rafe (Luna Llena). El atractivo de este libro es saber cómo sigue la historia, porque el malo-malísimo es el mismo que en los libros anteriores. La pareja, sigue sin ser relevante para mí. Connor y Britt simplemente no lograron ganarse mi aprobación. Sentí que era un poco "apresurado" verles juntos. Tampoco hay mucha acción ni tanta ternura-pasión como en el libro anterior.

Con todo, yo realmente sigo recomendando esta serie porque los libros de Rachel Hawthorne me encantan, simple y sencillamente. Y quedo a la espera de que se revele el nombre del último libro de la serie en español (Shadow of the Moon), cuyo protagonista masculino hace aparición aquí. Lo van a amar. 

viernes, 6 de abril de 2012

Reseña de Luna Llena


Lindsey es rebelde e imprudente, quizá porque siempre le han organizado la vida. Sus padres se encuentran entre los miembros más poderosos de los guardianes ocultos, una antigua tribu de licántropos, y hace tiempo que concertaron el compromiso de Lindsey y Connor. La próxima luna llena se acerca, y entonces el compromiso será definitivo. No habrá vuelta atrás. Lindsey tendría que estar exultante de felicidad . . . entonces, ¿por qué no puede dejar de pensar en el atractivo e inquietante Rafe?.Cuando la manada es capturada, ella y Rafe tendrán que trabajar juntos para salvarlos. Lindsey tendrá que elegir entre la amistad y el amor verdadero. Pero escuchar a su corazón puede tener consecuencias terribles. 


Precio: $198.00 MX |Páginas:  256 |Puntuación: 5/5 | Compra: Gandhi / Porrúa / La Ventana / Amazon / Book Depository  Goodreads 
*Gracias a Editorial Océano por el ejemplar* 


Lindsey ha sido amiga de toda la vida con Connor, por eso cuando él la proclama su compañera, todos quedan felices y contentos. Hasta el día que Rafe regresa a casa. Las parejas no son tanto elegidas, como destinadas. Un día todo marcha de maravilla y de pronto un vistazo y he ahí a tu futuro compañero o compañera. Lindsey se siente confundida. No puede evitar sentirse atraída por Rafe, y cuando la luna esté llena, pasará su conversión con Connor. Pero, ¿será lo correcto o cometerá el más grave error de su vida?

Sí, triángulo amoroso. Lo sé, a mí no me gustan los triángulos amorosos pero Rafe es Rafe y eso lo dice todo. Nunca me gustó Connor, o al menos, no como pareja de Lindsey. En este libro se vuelve más celoso y bueno, muy en su papel de lobo, luchará por la que considera es su pareja, por algo lleva su nombre tatuado en la piel. 

Rafe es completamente misterioso. Guapo. Es el beta de la manada. Y cada vez que ve a Lindsey, lo mismo saltan chispas que destilan ternura y creo que ahí radica el éxito de este libro. Es obvio que Linds está entre la espada y la pared, temerosa de equivocarse, de seguir su corazón y lucha con todas sus fuerzas, nos tiene de un hilo durante todo el libro, aunque claro; nosotras sabemos perfectamente con quién se quedará. 

De nuevo, como ya es característico de esta serie, hay suspense. Nuestros chicos tienen que enfrentarse a BioChrome, que no se rinde en su intento por capturar a un licántropo. 

Este es mi libro favorito de la serie. Linds y Rafe hacen una pareja preciosa. Rafe es un lobito que ha tenido una vida difícil y lucha contra los temores de Linds, la apatía de los padres de ella y contra Connor, su amigo; pero también su rival de amores. Su fuerza y su coraje, que no del todo mostrado -recordemos que el libro está narrado en primera persona por Lindsey-, hará las delicias de este libro.

viernes, 3 de febrero de 2012

Luna Oculta, muy pronto en México

~para finales de marzo en México~
$198.00 Mx
Brittany está decidida a demostrar que puede ser parte de los guardianes ocultos, a pesar de que esconde un secreto devastador: aún no ha experimentado ninguna de las señales intensas y tempranas que indican la transformación de un guardián oculto. Lo único intenso que ha sentido hasta ahora son sus sentimientos por Connor, pero también los ha estado escondiendo. Sabe demasiado bien que el dueño de su corazón nunca será suyo si no se convierte en una cambia formas como él. Durante la primera luna llena después de su cumpleaños, su mayor temor se hace realidad: no se transforma. Brittany está tan desesperada por convertirse en lobo que llegará a extremos insospechados y expondrá a todos los guardianes ocultos a un serio peligro.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Ganadores: Tentando a la Luna Llena

Hey Guardianes,

Por fin tenemos a los ganadores del concurso, miles de disculpas por tardar tanto pero hemos estado liadísimas con tanto fin de todo -semestre, trabajo, novio... ahhh eso noo-, el punto es que finalmente estamos aquí con los 4 afortunados y para no hacerles el cuento largo aquí vamos...


Swag pack:
Leslie Mariana Patiño Adán
Stefany Pereyra Bravo
Candelaria La Torre


Tentada + Luna Llena + Swag
Ana Luisa Cordero Tielmans


¡Felicidades guardianas!!



Para RECLAMAR TU PREMIO por favor llena ESTE FORMULARIO.

Importante: Tienen 48 Hrs para reclamar su premio a partir de la fecha de publicación  de este post. Si NO reclaman su premio en ese lapso de tiempo un nuevo ganador será elegido.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Hey :-)

Guardianes,


El concurso Tentando a la luna Llena ha terminado y los ganadores serán anunciados en breve. Y ya que estamos les invito a anotarse a los concursos que tenemos vigentes en The Itzel Library.


Feliz semana!
~Itzel


P.D. No, no me equivoqué, dije ganadores. Tres personitas recibirán unos paquetes de swag :)

lunes, 17 de octubre de 2011

Segundo Capítulo Luna Oculta



~2~




No recordaba haberme quedado dormida. Mi último recuerdo era gritar hasta desgañitarme y golpear la tierra con los puños hasta que me dolieron las manos. Pero en algún momento el cansancio debió de vencerme, porque cuando me desperté vi la luz del sol que se filtraba entre las hojas de los árboles. 
Siempre me ha gustado la naturaleza, pero, de repente, ya no me sentía en comunión con ella. Pensé que podía oír a los árboles riéndose de mí mientras la brisa agitaba sus hojas. No sabía adónde quería ir, pero sí a donde tenía que ir. Debía regresar a Wolford. Los guardianes ocultos se reunían allí para encontrar la manera de proteger a nuestra (a su) especie. Bio-Chrome, una empresa de investigación, había descubierto que existíamos y estaba decidida a desvelar los secretos de nuestra (de su) capacidad para transformarnos, aunque eso significara matarnos (matarlos). 
Me di mentalmente una patada en el trasero. Debía dejar de tener esos pensamientos divisivos. No se trataba de ellos, los cambiaformas, contra mí, la no cambiaformas. Éramos nosotros. Sí, algo había ido mal, pero no quería decir que no pudiera arreglarse. Tenía que estar abierta a la posibilidad de que se tratara de alguna casualidad de la naturaleza que pudiera corregirse fácilmente. Tal vez mi cumpleaños estuviera demasiado cerca de la luna llena y necesitara otro ciclo para prepararme para el cambio. Quizá la fecha de mi certificado de nacimiento estuviera equivocada. ¡Dios, me estaba aferrando a un clavo ardiendo, tratando desesperadamente de encontrar una respuesta sencilla!
Sabía que no podía contarle a nadie que todavía no me había transformado. Había esperado mucho tiempo y trabajado muy duro para que me aceptaran. No quería enfrentarme al hecho de que tal vez no fuera una cambiaformas. Había otra razón por la que no me había transformado. Fuera la que fuera, la descubriría. 
Agarré la mochila y empecé a caminar. Había planeado trotar hasta el recinto, abrazando a mi nuevo ser, con el viento alborotándome el pelaje. En lugar de eso, recorría penosamente el parque, obligando a mis pies a seguir adelante, uno delante del otro. Tenía que haber una explicación para lo que no había ocurrido. Pensé en la posibilidad de hablarles a los mayores de mi situación. Eran tan ancianos que lo sabían todo. Pero no quería que nadie supiera la verdad. 
Si la descubrían, me mirarían con pena o con horror. Convivíamos con los humanos, pero ninguno de nosotros quería ser como ellos. Eran unas criaturas patéticas, estáticas, siempre encerradas en la misma forma. Los demás, incluso, podrían expulsarme, y no podía arriesgarme a eso, con el peligro acechándonos. Yo era una guardiana oculta. Era lo que siempre había deseado ser. 
¿Cómo iba a ser ahora capaz de mirarme en el espejo, a ver lo que era realmente… o lo que no era?

Como temía que los mayores enviaran a algunos guardianes a buscarme, tomé un camino más largo hacia Wolford. Necesitaba pasar algo de tiempo sola para armarme de valor y poder enfrentarme a todos sin revelar nada. No me resultaría fácil.Yo nunca había estado de acuerdo con endulzar las cosas. Me conocían por ser sincera y enfrentarme a las situaciones tal y como venían. Pero situarme frente a mi propia realidad iba a ser tremendamente difícil. 
Muy poca gente me había aceptado completamente en el pasado. Si descubrían que no podía cambiar, me verían como un bicho raro. Ya había sido bastante malo recibir alguna mirada extraña porque ningún chico me había elegido como su pareja. No quería tener que enfrentarme a que los otros supieran que no me había transformado cuando debía. 
Casi era mediodía del día siguiente cuando me encontré con los restos de una hoguera en la orilla de uno de los ríos que atraviesan el parque nacional. El corazón comenzó a latirme a mil por hora cuando me arrodillé y tomé algo de ceniza entre los dedos. No estaba nada caliente y yo no había visto ninguna luz en la zona cuando me acosté la noche anterior. Podrían haber pasado varios días desde que alguien hubiera estado allí… pero parecía más reciente. No podía explicar por qué, pero así lo sentía. 
El vello de los brazos se me puso de punta cuando miré la corriente del río, que fluía rápidamente. Podría ser que alguien que hubiera estado practicando rafting hubiera venido a acampar aquí para pasar la noche. Un poco más abajo la corriente se convertía en una serie de curvas cerradas y agua turbulenta. Para los entusiastas del deporte era fantástico, pero normalmente los acompañaba un guía que los llevaba de vuelta antes de llegar tan al norte, tan cerca de Wolford.
Parecía algo paranoico tener una sensación tan mala sobre lo que acababa de descubrir, pero no podía evitar pensar que algo no iba bien. Recorrí el campamento lenta y cautelosamente y vi varias pisadas de botas. Pude distinguir hasta cuatro pisadas diferentes. Era evidente que habían llegado por el río y se habían marchado de la misma manera. Descubrí un surco en la orilla, por donde habían arrastrado la balsa de goma fuera del agua. 
Al otro lado del campamento vi una zona en la que parecía que hubieran borrado las pisadas con una rama. Las marcas de la broza se detenían cerca del follaje espeso. Cogí un palo largo y empecé a meterlo entre los arbustos. Oí un chasquido al activar el mecanismo que sospechaba que estaba oculto. El palo salió disparado de mi mano cuando el lazo se cerró a su alrededor y la cuerda lo levantó en el aire. Se quedó colgando por encima de mi cabeza, con las ramas dando sacudidas por el movimiento repentino. 
Era una trampa. Una de las más simples, pero peligrosa. Era capaz de matar a un animal, pero también era posible que sobreviviera aunque fuera atrapado y levantado del suelo. A juzgar por el sistema, lo habían diseñado para capturar a un animal de tamaño medio. No era para un conejo ni para un oso. Era para un lobo. 
Sentí un escalofrío y di un paso atrás. Me apostaría el pellejo a que sabía quién era el responsable. No se trataba de cazadores, de deportistas ni de nadie obsesionado con la supervivencia. 

Era Bio-Chrome. Nuestro enemigo. Estaban redoblando sus esfuerzos por capturar a un cambiaformas y cada vez estaban más cerca de descubrir Wolford. 
Tenía que volver rápidamente. Debía advertirlos. Esperaba que no fuera demasiado tarde. 


Sentí un inmenso alivio cuando, por fin, llegué a Wolford y vi que la residencia principal aún estaba en pie. No encontré ningún indicio de violencia. Nada parecía fuera de lo normal. 
Como había estado dos días fuera de Wolford y no había tenido prisa por regresar, hasta que descubrí la trampa, ya era casi medianoche cuando llegué a la verja de hierro forjado que rodeaba el recinto. Hace unos doscientos años, vivía allí la mayoría de los cambiaformas, ocultos al resto del mundo. Pero según se iba modernizando e industrializando la vida, habían pasado a vivir entre los humanos, beneficiándose de sus logros y contribuyendo a ellos. Ese parque todavía era nuestro verdadero hogar, el único lugar donde podíamos ser nosotros mismos y celebrar lo que éramos. 
Deslicé una tarjeta de acceso en la ranura y la verja se abrió automáticamente. Me resultaba un poco extraño que fuéramos una mezcla de lo antiguo y lo moderno. Usábamos tarjetas de acceso, pero todavía creíamos en el antiguo ritual de que los hombres eligieran a sus parejas. Figúrate. 
Atravesé la verja y me quedé parada hasta que se cerró. Al hacerlo, el sonido retumbó en mi interior. Siempre he encontrado consuelo aquí. Ningún enemigo ha sido nunca capaz de traspasar nuestros muros. Aquí, la tradición ha ido pasando de generación en generación. Cerré los ojos, inspiré profundamente e intenté atraer hacia mí la calma de mis antepasados. Pero no me sentía bienvenida, más bien como si fuera una extraña o, peor aún, una impostora. 
Deseaba que mi madre estuviera conmigo. No la necesitaba con frecuencia. Siempre he querido ser independiente, así que me resultaba difícil admitir que ansiaba que ella me abrazara. Me había sentido aliviada cuando se marchó a Europa porque sabía que no estaría a mi alrededor para entrometerse. Pensé que no podría soportar que se preocupara constantemente y anduviera siempre rondándome. Quería a mi madre, pero estaba siempre demasiado pendiente de mí, intentando protegerme. Yo me había rebelado un poco para liberarme de sus ataduras emocionales. Sabía que lo hacía de buena fe, pero a veces sentía como si ella me asfixiara. 
En cuanto a mi padre, nunca había estado presente en mi vida. Según parece, había visto a mi madre durante su primera transformación, se había quedado el tiempo suficiente para dejarla embarazada y después había desaparecido. Mi madre se las había apañado bastante bien sin un hombre en su vida, y esa era la razón por la que yo estaba convencida de que no iba a necesitar a un chico para transformarme. 
Caminé hacia la enorme mansión, que era prácticamente lo único que quedaba de todo lo que una vez habíamos tenido. Había algunos edificios a su alrededor que contenían suministros y algunos artículos de supervivencia, pero cuando los de nuestra especie visitaban Wolford, se alojaban en esta estructura mastodóntica de estilo gótico donde tiempo atrás las familias habían disfrutado de una existencia comunal. Se había reformado para añadirle todas las comodidades modernas. Nuestros mayores vivían en ella todo el año. 
Como estaba oculta en el parque nacional, nos ofrecía un refugio seguro. Los guardianes ocultos trabajaban como guías forestales, también conocidos como «serpas», y mantenían a la gente alejada de las zonas secretas del parque que considerábamos vetadas a los extraños.Aunque, en realidad, considerábamos que todo el parque era nuestro, pese a que el Gobierno había reclamado una parte. 
Con el rabillo del ojo capté cierto movimiento y me agaché rápidamente para adoptar una posición defensiva. Había perfeccionado mis actos gracias a las largas horas de entrenamiento para la supervivencia. Para mi sorpresa, vi a Connor dirigirse a un espeso bosquecillo.Aunque estaba de espaldas, reconocí sus zancadas. Caminaba como si nunca tuviera prisa por llegar a los sitios. La luz de la luna se reflejaba en su cabello rubio rojizo y perfilaba su cuerpo, bien tonificado. Era alto y delgado, pero yo sabía que poseía la fuerza de todos los cambiaformas. No solo ocultábamos nuestra habilidad para transformarnos, sino también el poder que la acompañaba. Al mirarnos, muy pocas personas sabían lo fuertes y hábiles que éramos. 
Vi a Connor desaparecer entre los árboles y me pregunté por qué estaría solo. ¿Dónde estaba Lindsey? Normalmente, una pareja se volvía completamente inseparable después de compartir una transformación. ¿Acaso había problemas en el paraíso? 
No sabía muy bien qué sentir al respecto. Por mucho que deseara que Connor se fijara en mí, que me reclamara como su pareja y se transformara conmigo, no quería que Lindsey lo tratara mal. Tampoco pretendía que él le hiciera daño a Lindsey. Ella era una amiga. Egoístamente deseaba a Connor pero, desinteresadamente, les deseaba lo mejor a los dos. Esos sentimientos desconcertantes y contradictorios me inquietaban. Por lo general, yo siempre sabía lo que quería.

Eché una mirada rápida a mi alrededor. No se veía a nadie más. Debería dejar que Connor se fuera, pero nunca me había sentido tan sola ni tan destrozada en mi vida. Necesitaba sentirme unida a alguien. ¿Por qué no a él? Solo durante unos minutos. No le iba a pedir que engañara a Lindsey. Yo tenía mis principios. Nunca le robaba el novio a otra chica, pero eso no significaba que no pudiera hablar con él y conseguir mi dosis de Connor. 
Como había caminado bastante desde la luna llena, estaba sucia y desaliñada. Normalmente me habría tomado mi tiempo para arreglarme, ya que no me gustaba que Connor me viera de cualquier manera, pero no deseaba dejar pasar la oportunidad de hablar con él a solas. Tal vez porque, aunque él no sintiera una conexión conmigo, yo sí la tenía con él. Me sentía patética por estar loca por un chico que se preocupaba por otra persona, pero en ese momento no podía dejar de lado mi deseo de oír su voz. 
Lancé la mochila hacia la casa y corrí en la dirección en la que había visto marchar a Connor. El césped cubierto de rocío dejaba un rastro claro, pero en cuanto alcancé el bosque este se hizo difícil de seguir. La hierba no era espesa alrededor de los árboles y la luz de la luna, que se filtraba entre las hojas, era bastante escasa. Si me hubiera transformado habría sido capaz de capturar su olor y seguirlo. Todos los sentidos se agudizaban después de la primera transformación. Los cambiaformas adquirían una excelente visión nocturna y sus sentidos del olfato, del oído y del gusto aumentaban considerablemente. 
Pero yo solo contaba con mi instinto, así que seguí caminando hacia delante, esperando que él hubiera hecho lo mismo. Connor no era mi pareja, pero éramos amigos. Y, en ese momento, necesitaba un amigo. Desesperadamente. 
Los bosques nunca estaban totalmente silenciosos por la noche y yo me sentía reconfortada al escuchar los familiares ruidos. Oía los sonidos de los insectos. Una lechuza ululó. Escuché a una criatura pequeña, probablemente un roedor, removiendo las hojas secas que cubrían la tierra. Pero no podía oír ninguna pisada aparte de las mías. Me pregunté si Connor se habría transformado y se habría ido. Pero no veía su ropa por ninguna parte. 
Por fin, los árboles dieron paso a un arroyo de aguas poco profundas que se derramaban sobre las rocas, creando una bella canción de cuna natural. Y allí, sentado a la orilla, tan inmóvil como una estatua, estaba Connor. 
El corazón me dio un pequeño vuelco, igual que siempre que me acercaba a él. A veces, cuando estábamos guardando suministros, preparándonos para guiar a los excursionistas por el bosque, nuestros hombros se rozaban y yo sentía como si una flecha me atravesara desde el hombro hasta los dedos de los pies. Ya sé que era una locura que me sintiera tan afectada por su cercanía. Me dolía pensar que nunca podríamos ser más que amigos, que él siempre pertenecería a otra persona. 
Si fuera inteligente me daría la vuelta, volvería a la mansión y seguiría con mi vida. Pero, obviamente, no tenía ni una pizca de inteligencia, porque seguí caminando hasta que llegué a su lado. Él no me miró. Se quedó observando el agua. 
Había muchas cosas que quería decirle, muchas cosas que no podía explicar, cosas que no quería que supiera. Pero sentí que me invadía la calma al mirar su perfil, tan familiar, a la luz de la luna. Sus rasgos poseían una aspereza que yo asociaba con los guerreros. Tenía su fuerte mandíbula casi oculta por su enmarañado y rubio pelo. Deseaba acariciárselo. Deseaba desesperadamente soltarme la trenza y que Connor hundiera los dedos en mi cabello. Quería esconder la cara contra su cuello y sentir sus fuertes brazos a mi alrededor. ¡Quería tantas cosas que no podía tener! No sabía si sería capaz de conformarme solo con una amistad ahora que sabía que él estaba totalmente fuera de mi alcance. 
—Supongo que ya te has enterado —murmuró finalmente con voz dura. 
Connor no solía enfadarse, pero yo lo había visto furioso cuando supimos que algunos científicos humanos que trabajaban para Bio-Chrome habían descubierto que existíamos y pretendían usarnos en su propio beneficio. Connor pensaba que saldríamos victoriosos y, milagrosamente, la vida volvería a la normalidad. O a lo que era normal para nosotros. 
Pero al escuchar sus palabras llenas de furia me imaginé unas situaciones horribles. ¿Habría capturado Bio-Chrome a Lindsey? ¿La trampa que yo había descubierto era una entre muchas? ¿La habrían matado? ¿Por eso Connor estaba solo? ¿Estaba de luto? ¿O acaso ella no se había transformado? ¿Había ido algo mal con la luna? Por primera vez en días me agarré con fuerza a una minúscula esperanza de que el error hubiera sido de la luna llena, y no mío. 
—¿Enterarme de qué? —pregunté en voz baja. 
Entonces vi el vendaje blanco que asomaba por debajo de la manga de su camiseta. No llevábamos vendas con frecuencia. En forma de lobos, los cambiaformas podían curarse increíblemente rápido, a menos que la herida hubiera sido provocada por algo de plata o por el mordisco de otro licántropo. Entonces no se curaba nunca y dejaba una cicatriz. Nuestra habilidad para sanarnos era una de las cosas que nos hacía tan atractivos para Bio-Chrome. Incluso en el fragor de la batalla, solo las peores heridas podían ralentizarnos, porque nos curábamos continuamente, y eso nos proporcionaba una especie de constante armadura. 
—Estás herido —susurré y, a pesar de mis mejores intenciones, alargué una mano y pasé los dedos cerca del vendaje. 
Sentí que sus firmes músculos se agitaban y se tensaban al rozarlos. Nunca lo habría acariciado a propósito. Su piel era suave y cálida. Quería descubrir cómo sería acariciarle la cara, el cuello, el pecho… Quería descubrir qué sentiría al acariciárselo todo. 
—Rafe —pronunció esa única palabra como si lo explicara todo. 
Rafe era un guardián oculto y pertenecía a nuestro grupo, integrado en el equipo de serpas.Tenía el cabello y la piel tan oscuros como los míos. Habíamos crecido juntos y había luchado contra nuestros enemigos a nuestro lado. Era tan leal a mi especie como cualquiera de los míos. 
—¿Rafe te ha mordido? 
Connor soltó un gruñido y yo pude sentir que el enfado surgía de él en oleadas.  
—Yo le devolví el mordisco. ¡Ojalá hubiera tenido la rabia! Se lo tendría merecido. 
—No lo entiendo, Connor. ¿Dónde está Lindsey? ¿Qué ha pasado? 
—Rafe me retó por ella. 
—¿Qué? ¿Quieres decir lobo contra lobo? 
Un reto nunca se hacía a la ligera. La tradición decía que, cuando un lobo retaba a otro, era una lucha a muerte. 
—Sí. 
—¡Oh, Dios mío! Pero tú eres su pareja. La declaraste como tal y ella te aceptó. —La chica siempre se reservaba el derecho a no elegir al chico que la había declarado su pareja. Pero yo nunca había conocido ningún caso—. Habéis estado juntos desde que… 
—Bueno, sí. Aparentemente, elegí mal. 
Siguió mirando al frente, como si estuviera avergonzado, o tal vez no quería que yo viera en sus ojos el rechazo y la pérdida. Sabía que estaba sufriendo. Cada músculo de su cuerpo lo decía. Él siempre había amado a Lindsey. ¿Se sentiría mejor si yo le dijera que lo amaba? Seguramente, no. Yo no podía reemplazar lo que él había perdido. 
—Lo siento. 
Y era cierto. Eso era exactamente lo que yo siempre había deseado, pero ahora que había ocurrido me sentía culpable, como si el hecho de haberlo querido hubiera conseguido que se hiciera realidad y que él estuviera sufriendo. 
—No es culpa tuya. Las cosas son así, pero es difícil aceptarlas, ¿entiendes? 
—Sí.
Giró la cabeza y me miró directamente. Aun con la luz de la luna no podía ver sus ojos azules, que eran un poco más oscuros que los míos, pero lo que vi me sorprendió. No estaba triste. Más bien parecía enfadado consigo mismo. Entonces esa mirada desapareció, como si no quisiera revelar demasiadas cosas. Y la mirada que ocupó su lugar me sorprendió todavía más. Encontré admiración en sus ojos. 
—Veo que has sobrevivido a tu luna llena. No puedo creer que lo hayas hecho tú sola. Has tenido muchas agallas. Nadie ha dudado nunca de tu valor, pero lo que has hecho es increíble. 
Me remordió la conciencia porque estaba alabándome cuando no lo merecía. Quería contarle la verdad. La carga de lo que yo era (o no era) me pesaba tanto que tenía miedo de que se quedara horrorizado al descubrirlo. ¿Cómo no iba a estarlo? 
Nunca jamás habíamos permitido que un no cambiaformas entrara en nuestro círculo más íntimo. Me sentía muy confusa por lo que yo era en realidad: una cambiaformas de la que, de alguna manera, la luna había pasado, pero por quien regresaría más tarde o alguien que nunca sería más de lo que ya era en ese momento. 
Si se trataba de lo último, ¿qué sentido tenía existir? ¿Cómo podía proteger a los cambiaformas si no era uno de ellos? Pero tampoco podía darles la espalda. 
Aparté la mirada de Connor y la fijé en el agua. La luz de la luna se reflejaba en ella y hacía que estuviera mucho más bonita que durante el día. 
—No fue para tanto. —Sobre todo porque no había ocurrido nada.  
—Oye, como todos los chicos, yo pasé solo por ello. Y es brutal. 
—No quiero hablar de ello. Ha sido una experiencia muy íntima. 
—Por supuesto. 
No sé por qué me sentí decepcionada por su respuesta. Supongo que porque quería que Connor mostrara el suficiente interés como para arrancarme la verdad. 
—¿Sabías que a Lindsey le gustaba Rafe? —me preguntó. 
—Habló de él un par de veces. —Y siempre me molestó que lo hiciera. Si Connor hubiera sido mío, nunca habría mirado a ningún otro chico. Mi voz sonó un tanto dura cuando añadí—: Siempre pensé que no te valoraba. Estás mucho mejor sin ella. 
Él dejó escapar una risa áspera. 
—Típico de ti. Nunca tienes miedo de decir lo que piensas. Siempre he admirado eso de ti. 
Si me hubiera muerto en ese momento, habría muerto feliz. ¿Connor había admitido que admiraba algo de mí? ¿De mí? Tuve ganas de sonreír y de reír a pesar de que antes había creído que no volvería a tener ganas de hacerlo nunca. Quería decirle que había muchas cosas de él que yo admiraba y que me gustaban, pero pensé que no era el momento adecuado. 
Como no dije nada, se instaló un silencio entre nosotros y comenzó otro tipo de comunicación. Nos estábamos mirando a los ojos y me pregunté si él me estaba viendo, pero viendo de verdad, por primera vez. Parecía perdido en sus pensamientos, y yo deseé poderle leer la mente. Intenté que mis ojos no reflejaran la profundidad de los sentimientos que tenía por él. Todavía me sentía demasiado vulnerable por la traición de la luna como para arriesgar mi corazón con Connor. Pero no me daba miedo encontrarme con su mirada y mantenerla. Entonces detuvo sus ojos en mis labios, y sentí un cosquilleo en ellos. ¿Estaba pensando en besarme?
Por mucho que yo deseara que lo hiciera, no quería que me besara hasta que se hubiera recuperado de lo de Lindsey. De ninguna manera iba a ser un segundo plato. Pero me sentía incapaz de dejar de lamerme los labios, de esperar que me besara, de imaginar lo cálido y maravilloso que sería. 
Como si saliera de un trance, Connor sacudió ligeramente la cabeza, la echó hacia atrás y miró el cielo estrellado. 
—Tengo que correr —dijo con voz áspera y sexi. Se aclaró la garganta y añadió—: ¿Quieres correr conmigo? 
Oh, por supuesto que quería, desesperadamente. Pero sabía que no estaba hablando de hacer jogging por el bosque. Se refería a transformarse y correr tan rápido que los árboles se volvieran borrosos. 
—Enfrentarme sola a la luna llena me ha dejado exhausta —dije. Por lo menos, eso era cierto—. Voy a pasar. 
—Entonces, en otra ocasión. —Volvió a mirarme—. Recuerdo cuando me enfrenté a mi primera transformación. Estaba deseando hacerlo, pero también recuerdo el dolor. Los mayores debieron buscar a otra persona que te acompañara si no te gustaba Daniel. 
—Sacaron su nombre al azar de un sombrero. —No me molesté en ocultar mi indignación. 
—No fue así. Usaron un bol. 
Le di un puñetazo en el hombro. 
—¡Ay! —Se frotó el hombro, pero estaba sonriendo.  
—Fue insultante… para mí y para Daniel. —No era un mal chico, pero tampoco era el adecuado. Habíamos pasado algunos días juntos, pero los dos sabíamos que no había nada que hacer—. No quería una pareja por lástima. 
—Te lo estás tomando con una actitud equivocada. No tenías que casarte con él. Se suponía que iba a ayudarte en la transformación. Nada más. 
Excepto por la parte en que había que desnudarse completamente. No podíamos transformarnos vestidos. Así que había un factor definitivamente íntimo. 
—Ahora ya no importa. La tensión ya se ha terminado. Puedo elegir una pareja en cualquier momento. 
—Nunca será como la primera vez que te transformaste. 
Yo me encogí de hombros. 
—Por lo que a mí respecta, la primera vez está sobrevalo¬rada. 
Su sonrisa brilló en la noche. 
—Bueno, pues no se lo digas a nadie. No quiero arruinarles el misterio a los que todavía no han pasado por ello. —Algo que no pude identificar cambió en sus ojos—. Me alegro de que sobrevivieras. 
—Sí, y yo. —Más o menos.Y entonces recordé lo que había visto cerca del río—. Oye, escucha, ¿ha dicho alguien que encontrara trampas en el bosque? 
—No, ¿por qué? 
—Encontré un cepo a un día y medio de caminata desde aquí, cerca del río. 
Se quedó inmóvil, como un depredador cuando huele a su presa. Sabía que había pasado al modo guerrero, que estaba pensando en la estrategia. 
—¿Crees que ha sido Bio-Chrome? —preguntó finalmente. 
—No lo sé. Puede ser. Estaba diseñado para capturar a un animal del tamaño de un lobo. 
Dejó escapar una maldición y entonces me miró con dureza. 
—¿Has venido andando desde allí? ¿No se te ocurrió hacerlo en forma de lobo para llegar más rápido? 
—Llevaba la mochila. —Sabía que era una excusa muy pobre, y Connor lo confirmó con su respuesta. 
—Podrías haberla dejado en algún sitio y regresar después por ella. 
Me enfadaba que me estuviera cuestionando… y que tuviera razón. Y que no hubiera podido elegir cómo moverme. Por el momento, solo contaba con dos piernas, así que busqué otra mentira. 
—Llevaba algunas cosas con valor sentimental para que me ayudaran a enfrentarme a la transformación. No quería arriesgarme a perderlas. Además, no estamos en peligro inminente, y yo necesitaba pasar algún tiempo sola. 
Al ver que apretaba la mandíbula supe que nadie me aceptaría si no podía cambiar. También supe que no me iba a resultar nada fácil mentir sobre ello. Debería haberle puesto una excusa mejor… o que no me hiciera parecer una irresponsable. 
—Lo comprobaré —dijo—. En forma de lobo, debería estar de vuelta por la mañana. ¿Estás segura de no querer venir? 
Cómo lo deseaba… 
—Estoy segura. Borré mis huellas, pero encontrarás mi olor y podrás seguirlo. 
 Me di cuenta de que no le gustó mi decisión, de que pensaba que estaba declinando mis obligaciones. Al no decirle la verdad, lo estaba haciendo. Pero fuera lo que fuera lo que me había impedido transformarme con la luna llena, era algo con lo que tenía que tratar yo sola. 
—Entonces, hasta luego —dijo a regañadientes. 
Se dio la vuelta y regresó al bosque, pero no lo seguí. Sabía que se iba a quitar la ropa para transformarse en un lobo. Para ser una especie que pasaba mucho tiempo sin ropa, éramos un grupo pequeño. 
Al mirar de nuevo al agua sentí arrepentimiento. Sabía que tenía que haber confesado mi limitación, pero también reconocía que, si lo hacía, me podían expulsar. Pero aunque no pudiera transformarme, podría hacer valiosas aportaciones, como encontrar un modo de proteger a los cambiaformas… sobre todo si lo que sospechaba era verdad: que la trampa la había puesto Bio-Chrome. Todavía nos estaban buscando. 
Ya no tenía nada más que hacer excepto volver a la mansión. No podía irme con Connor. Ahora él era libre de amar a otra persona, pero yo estaba fuera de la lista porque no me podía transformar. 
Al oír un crujido entre la maleza, miré hacia el lugar de donde provenía. El lobo más hermoso que había visto nunca estaba junto a la orilla. Con aspecto lobuno, Connor siempre me dejaba sin respiración. 
Su pelaje, como su cabello, era rubio rojizo, casi castaño claro. Tenía varias tonalidades, más oscuro en el lomo y más claro al llegar a las patas. Quería hundir las manos en su pelo, apretarlo contra mí y confesarlo todo. Deseaba que volviera a su forma humana, que me abrazara y que me asegurara que todo iba a salir bien.
Pero sabía que nunca ocurriría nada de eso. Si él descubría la verdad, que todavía no me había transformado, se quedaría horrorizado. 
Echándome una última mirada, atravesó el arroyo y se alejó, bañado por la luz de la luna. Yo me quedé mirándolo con anhelo hasta que ya no pude verlo. Los cambiaformas se curaban cuando estaban en la forma de lobo, pero no estaba segura de que la transformación curara un corazón roto… ya fuera el suyo o el mío. 


Derechos exclusivos de la edición en español: © 2011, La Factoría de Ideas

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